Las remesas enviadas por la diáspora dominicana se han consolidado como uno de los pilares de la economía nacional. Estos flujos de recursos, que durante décadas se entendían como mecanismos de apoyo familiar, han adquirido una relevancia macroeconómica creciente y hoy constituyen una de las principales fuentes de divisas.
Durante el año 2025 la República Dominicana recibió aproximadamente US$11,866.3 millones en remesas, una cifra récord que confirma la tendencia de crecimiento registrada desde la pandemia (BCRD, 2026). Este monto refleja no solo la expansión de la diáspora dominicana, sino también la persistencia de vínculos económicos y familiares entre los migrantes y sus hogares de origen.
De acuerdo con estimaciones basadas en estadísticas del sector externo, estos flujos representan más del 10 % vistas como proporción del PIB del país (Morales & Rodríguez, 2022). Esto las sitúa entre las principales fuentes de divisas, junto con el turismo, las exportaciones y la inversión extranjera directa. Además, su impacto trasciende el ámbito macroeconómico: contribuyen de manera significativa a la reducción de la pobreza y al sostenimiento del consumo de los hogares receptores. Sin embargo, a pesar de su expansión sostenida en los últimos años, diversos factores económicos, regulatorios y demográficos podrían incidir en su evolución futura.
Un rasgo característico de las remesas dominicanas es su alta concentración geográfica. Alrededor del 85 % de los envíos proviene de Estados Unidos, donde reside la mayor parte de la diáspora dominicana (BCRD, 2024). Esta concentración refleja la histórica relación migratoria entre ambos países, pero también evidencia una importante dependencia respecto al desempeño de la economía estadounidense.
Tomando en cuenta lo anterior, la evolución del mercado laboral en Estados Unidos se convierte en un factor determinante para la estabilidad de estos flujos. Cambios en el nivel de empleo o en las condiciones económicas que afectan a los trabajadores migrantes pueden incidir directamente en su capacidad de enviar dinero a sus familias. En noviembre de 2025, la consultora Challenger, Gray & Christmas reportó un total de 153,074 despidos en el mes de octubre, lo que representa un incremento de 175 % en comparación con octubre de 2024, cuando se registraron 55,597. Este es un aspecto que debe considerarse, ya que podría afectar a algunos hogares dominicanos que dependen de las remesas.
A estos factores económicos se suman posibles cambios regulatorios que también podrían influir en los flujos de remesas. El 1 de enero del 2026 entró en vigor un impuesto de 1 % sobre determinados envíos de dinero, lo que ha generado debate sobre su impacto potencial en los países receptores. Aunque su efecto podría ser limitado, esta medida evidencia cómo decisiones regulatorias adoptadas en los países de destino de los migrantes pueden repercutir en los flujos financieros internacionales.
Algunos economistas también han advertido sobre el denominado «efecto efervescencia» de las remesas, que describe periodos de rápido crecimiento seguidos por fases de estabilización o desaceleración (Listín Diario, 2025). Este fenómeno puede estar asociado a cambios en los ciclos migratorios, a la consolidación económica de los migrantes o a transformaciones en los patrones de envío de dinero hacia los países de origen.
En este contexto, el desafío para la política pública consiste en aprovechar mejor el potencial de estos recursos para el desarrollo económico. Diversos estudios han señalado la necesidad de fomentar la inclusión financiera de los hogares receptores, promover el uso de instrumentos formales para el envío de dinero y facilitar que una mayor proporción de estos recursos se destine a actividades productivas o de inversión (Gallegos, 2022).
En definitiva, las remesas dominicanas reflejan la dimensión económica de la migración y la fortaleza de los vínculos que conectan a la diáspora con su país de origen. Su evolución futura dependerá tanto de las condiciones económicas internacionales como de la capacidad del país para transformar estos flujos en una palanca para el desarrollo.
Por Andrés A. Aybar Abud
Analista de Investigación
Departamento de Investigación y Estudios Migratorios