Migración, educación y juventud

Lunes, 22 Abril 2019

La educación es quizás el determinante más importante del capital humano de un individuo (Becker, 1962). A propósito de la conmemoración del Día Mundial de la Educación (1 de abril), este artículo examinará algunas de las áreas claves que conectan la migración y la educación, desde el contexto de los países de origen.

La educación y la migración son decisiones que están relacionadas en muchas dimensiones. Larry Sjaastad (1962) planteaba que tanto la migración como la educación son una inversión fundamentada en la promesa de la prosperidad futura. Más allá de la escolarización formal, una educación inclusiva, equitativa y de calidad es un derecho de todas las personas.

Si bien es cierto que la educación por sí sola no es un ecualizador de las inequidades sociales persistentes, sigue siendo una herramienta que facilita la integración y mejora las perspectivas de movilidad social de las personas. Los/as migrantes tienden a dejar sus países de origen con la expectativa de mejorar su calidad de vida (acceso a oportunidades laborales y protección social).

Cuando el/la jefe/a de familia toma la decisión de emigrar, la construcción de ese proyecto afecta las decisiones educativas de los/as más jóvenes del núcleo familiar en su país origen, mucho antes de que se materialice la migración. La inversión educativa y las expectativas sobre los planes de migración futuros pueden afectar el logro educativo de sus dependientes al modificar el grado de compromiso que sostienen con su propia educación y las perspectivas sobre los beneficios futuros que esta puede brindarles en el país de destino.

La emigración también puede tener efectos indirectos en la educación, como cuando las remesas son utilizadas para financiar la educación de los miembros de la familia en el país de origen, o cuando las historias exitosas de otros migrantes son un incentivo para seguir educándose en el país de origen. En algunos casos, la migración sucede con la finalidad de adquirir más educación, en la medida en que “estudiar fuera” es un paso a nuevas y más oportunidades en los países de origen y/o de destino.

El éxito económico de las personas inmigrantes depende en gran medida de su formación y de la transferencia de sus habilidades al mercado laboral del país de acogida. En el caso de los individuos retornados, dependerá de su capacidad para transferir las habilidades adquiridas en su país de origen y de la existencia de políticas de “brain-gain” que les permitan insertarse.

Desde la perspectiva de las políticas públicas, esta influencia mutua entre migración y educación, cuando es pensada desde el origen, plantea la necesidad de analizar los vínculos causales y sus efectos.

Al ser la República Dominicana un país de emigración es necesario que la educación y la escuela tengan más en cuenta los distintos rostros de la migración y su impacto en el ciclo de vida (futuros migrantes, inmigrantes y retornados). Nuestra diáspora se caracteriza por ser mayormente jóvenes en edad productiva.

Nuestra filosofía educativa debe reconocer la existencia de la migración como recurso de ascenso social presente en el imaginario de gran parte de la juventud dominicana. Emigrar es para muchos y muchas su manera de sortear la falta de oportunidades y acceder a bienestar. Estas actitudes, sin un proyecto migratorio articulado, y con herramientas educativas limitadas para facilitar su integración, hacen vulnerable a nuestra juventud para embarcarse en proyectos migratorios irregulares e inseguros, como son la trata y el tráfico de personas.

De igual forma, hace falta políticas específicas que sensibilicen a los/as jóvenes en edad escolar con proyectos migratorios familiares, sobre el rol transformador que juega la educación para su integración en los países de destino. Permitiéndoles maximizar el valor de la educación que reciben en su país de origen en los mercados laborales de los países de destino.

Por otra parte, y en un espacio poco explorado, se encuentra la población retornada en edad escolar. Hijos e hijas (nacidos o no en el exterior) de personas migrantes que por una u otra razón han decidido que estos retornen a su país de origen. Esta población retornada también amerita atención especial, a fin de garantizar su integración exitosa al sistema educativo. 

De cara al futuro, nuestro reto consiste en generar políticas específicas para fomentar la integración e inclusión y lograr que la educación funcione para todos y todas, en todos los niveles, atendiendo a los objetivos planteados en la Agenda 2030 y su lema de “no dejar a nadie atrás”, así como nuestro compromiso con la Estrategia Nacional de Desarrollo 2030.

 

Por Farah Paredes

Analista de Investigación

Departamento de Investigación y Estudios Migratorios