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Desplazamientos forzosos. El caso de las y los refugiados

Desplazamientos forzosos. El caso de las y los refugiados

La migración ha sido una práctica de los seres humanos desde sus orígenes, y es actualmente uno de los temas más relevantes en la agenda internacional. Aunque para muchas personas la experiencia de migrar puede ser gratificante y positiva, para otras se concibe como un proyecto forzoso, por ser la violencia, la persecución y los conflictos en el país de origen las motivaciones de dicho proyecto. Tal es el caso de la persona refugiada, que según la Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y el Protocolo de 1967 es aquella que con “fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país”.

En atención al alto número de personas desplazadas de manera forzosa, el 20 de junio se conmemora el Día Mundial de los Refugiados, instituido como tal por la Asamblea General de las Naciones Unidas a partir de 2001. Desde 1948 la Declaración Universal de Derechos Humanos contempló como un derecho el refugio y el asilo, y en 1950 fue creado el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), con la misión de proteger a las personas desplazadas y refugiadas. El ACNUR tuvo entre sus primeras tareas apoyar en el reasentamiento de más de un millón de personas en Europa, que aún se encontraban sin hogar después de la Segunda Guerra Mundial.

La República Dominicana es signataria de la Convención de 1951 y su Protocolo de 1967. Para dar aplicación a estos, creó en 1983 la Comisión Nacional para los Refugiados (CONARE).

A nivel mundial la población refugiada ha experimentado un aumento importante en años recientes, y ha llegado a producirse una situación de crisis en la que contrastan el volumen de refugiados y la capacidad y disposición de respuesta de países de acogida. En la publicación Tendencias globales. Desplazamiento forzado en 2018[1] el ACNUR señala que al finalizar ese año el número de personas refugiadas acogidas bajo su mandato ascendía a 20,5 millones, mientras que 5,5 millones fueron registrados por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA, por sus siglas en inglés). Hablamos entonces de un total de 25,9 millones de refugiados y refugiadas a nivel mundial, la cifra más alta que se ha registrado hasta la fecha.[2]

Tanto el volumen como las condiciones bajo las cuales las personas se convierten en refugiadas, hacen de este un fenómeno complejo que trae consigo múltiples retos para la comunidad internacional, empezando por la necesidad de asumirlo como una responsabilidad colectiva y poder ofrecer respuestas integrales.

De acuerdo con el informe del ACNUR antes citado, los menores de 18 años constituyeron la mitad de la población refugiada en 2018, más que el 41% de 2009, pero una tasa similar a la de los años previos. Los niños, niñas y las mujeres son los grupos más propensos a la vulneración de derechos. Esta composición demanda que, además de pensar el abordaje de la problemática desde un enfoque de derechos humanos, se incluyan perspectivas como la de género y ciclo de vida. Y más allá de la simple acogida, la respuesta debe pensarse como una cuestión de garantía de derechos, de acceso a un entorno seguro y a servicios de protección social.

Aunque en principio se puede pensar que la condición de refugiado/a es algo temporal, en muchos casos suele extenderse. El ACNUR concibe como situación prolongada de refugio “aquella en la que 25,000 refugiados o más de la misma nacionalidad llevan al menos cinco años consecutivos en el exilio en un determinado país de asilo”.[3] Esta definición, aunque no implica que son los mismos individuos los que se mantienen como refugiados, es útil para identificar situaciones de crisis que se prorrogan en países determinados. En 2018 había 15,9 millones de refugiados en situaciones prolongadas.  

El panorama antes descrito refleja solo algunas de las problemáticas sobre las que busca llamar la atención el Día Mundial de los Refugiados. El proyecto migratorio de quienes se desplazan de manera forzosa se basa en el miedo y la desesperación. Además de la solidaridad, la atención a esta población demanda compromisos sólidos como el respeto a los derechos y el reconocimiento del otro/ la otra como igual, valores fundamentales de la democracia.

Por Bienvenido Barrientos

Asistente del Departamento de Investigación y Estudios Migratorios

 

[1]Informe disponible en: http://www.acnur.org/es-es/stats/globaltrends/5b2956a04/tendencias-globales-desplazamiento-forzado-en-2018.html

[2] Es importante señalar que estas cifras no incluyen a los desplazados internos y solicitantes de asilo, que al cabo de 2018 sumaron 41,3 millones y 3,5 millones, respectivamente. Estas poblaciones también dejan su lugar de origen o de residencia habitual a causa de la persecución, la violencia y las violaciones de derechos humanos, por lo que su situación se asemeja a la de la población refugiada, aunque no cuenten con este estatus.

[3] Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Tendencias globales. Desplazamiento forzado en 2018, p. 22.

 



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