Nana, una mirada profunda hacia el trabajo de los cuidados

Martes, 09 Enero 2018

Viernes, 13 Mayo 2016 15:29

Mostrar la intimidad familiar de tres mujeres que trabajan como niñeras para mantener a distancia a sus propios hijos, conducen al espectador a una reflexión del rol de la mujer en el mercado de trabajo de los cuidados y pone de manifiesto la relación entre desarrollo, género y migración en una de sus historias.

El tema del servicio doméstico, como en la mayoría de familias en República Dominicana, era común para la de Tatiana Fernández Geara. Desde pequeña vivió de los cuidados de varias colaboradoras del hogar que trabajaron en su casa durante su niñez.

La vida pasó y ya como adulta, cuando tuvo que compartir fiestas infantiles de los hijos de sus amigas, Tatiana miró de manera más analítica el rol de las nanas, esas mujeres que se ocupan de niños ajenos como si fueran los propios y conviven 24 horas al día con las familias que las contratan, lejos de los suyos.

“Ahí pensé en sus vidas porque además de todo dejan a su familia para cuidar el niño de otra persona. En ese momento me enfoqué más en contar la historia de estas mujeres, ¿dónde están sus propios hijos y quién cuida de ellos?”, nos cuenta esta fotógrafa, licenciada en Comunicación Publicitaria.

Sin saberlo estaba surgiendo una idea de lo que sería su primer largometraje que empezó como un corto para la tesis de su Maestría de Fotoperiodismo, de la Universidad de Missouri. El corto constaba de dos historias narradas en 10 minutos.

Como el corto quedó “corto” para lo que Tatiana quería expresar, aplicó al premio del Fondo para la Promoción Cinematográfica (FONPROCINE 2013) con miras a financiar su proyecto para convertirlo en un documental y resultó galardonada. Así surgió Nana, una mirada hacia la intimidad familiar de las mujeres que trabajan como niñeras y en algunos casos para el tema que nos ocupa, migrando a otro país creando una cadena de cuidados que se establece dentro de lo que se ha llamado la feminización de la migración. (*)

Haciendo sus investigaciones, Tatiana encontró que hay cifras altas de migrantes latinas que viajan a los Estados Unidos para trabajar en esta labor de los cuidados aunque no es el principal renglón de trabajo de las migrantes dominicanas, según los expertos.

En el transcurso de la realización del documental, la joven fotoperiodista también quería ahondar sobre la relación de los hijos de la nana con la tía o la abuela que los cuida. “Lo de enfocarme mucho en la abuela del final de esta narración fue parte de la magia del documental. Al inicio intuía sobre lo que me iba encontrar cuando llegaba a las casas de las familias de las nanas en el campo, pero me encontré con personajes que no los había planteado desde el inicio y que fueron relevantes para el documental”, resalta la directora de Nana.

Una de las tres historias narra la vivencia de Fina, una niñera dominicana que hacía nueve años no veía a sus hijos a quienes dejó con su hermana, después de haberse ido a Miami. Fina cuenta su historia y en una frase explica por qué se fue a vivir a otro país: “Para mantener a mis hijos o nos moríamos todos juntos del hambre, una de dos”…En el transcurso de la realización del documental, Fina logró el otorgamiento de su residencia y pudo viajar para reencontrarse con sus hijos en Santo Domingo por un tiempo corto y se devolvió a Estados Unidos con la esperanza en la reunificación familiar. Y es aquí donde se develó la disyuntiva emocional sobre todo de la hija de Fina…vivir con su mamá y dejar a su tía que es como su segunda madre y quien la ha criado en estos casi diez años.

El desarrollo del largometraje le recalcó varias cosas a la joven realizadora: el machismo imperante en el país; el peso emocional y económico que recae solo en la mujer cuando se trata de cuidar a su familia; la falta de educación sexual en las escuelas; los vínculos afectivos que se establecen con los niños que las nanas cuidan y a la vez los lazos de sus propios hijos establecen con los miembros de la familia que quedan a cargo de su cuidado.

“La idea era llamar a la reflexión sobre los privilegios que tenemos muchos y mostrar el trabajo que hacen las nanas, el sacrificio que implica y lo que dejan atrás con el objetivo de sensibilizar hacia un trato más justo para ellas”, dice Tatiana.

Nana, el documental ha tenido un recorrido interesante desde su estreno en el 37° Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Cuba, (Diciembre 2015). Como Tatiana misma lo describe, “a partir de ahí, inició su recorrido por el circuito de festivales, presentándose, entre otros, en el Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay y el Chicago Latino Film Festival. En marzo 2016 ganó el premio a Mejor Largometraje de República Dominicana en la tercera edición del Festival RDoc.

Desde el 5 de mayo, mes de las Madres, Nana se exhibe en dos carteleras de Santo Domingo. Hasta el momento Tatiana está feliz con el efecto que ha tenido en el país pero quiere llegar a más rincones de República Dominicana. “Me gustaría llegar a los pueblos dónde están las familias de las nanas y poder hacer algo más después de que salga en las salas de cine y también hacer sesiones especiales para las empleadas domésticas para que sea más asequible a quien no puede pagar una taquilla”.

(*)CADENAS GLOBALES DE CUIDADO

Según el documento Cadenas Globales de Cuidado, del Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación de las Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer (UN-INSTRAW) 2007, escrito por Amaia Orozco:

 “Las cadenas globales de cuidados son cadenas de dimensiones transnacionales que se conforman con el objetivo de sostener cotidianamente la vida, y en las que los hogares se transfieren trabajos de cuidados de unos a otros en base a ejes de poder, entre los que cabe destacar el género, la etnia, la clase social, y el lugar de procedencia (…) Las cadenas globales de cuidados son un valioso posicionamiento desde el que debatir la interrelación entre la migración y el desarrollo.

“En República Dominicana, al igual que en Filipinas, la migración de las mujeres supone la transferencia de sus responsabilidades domésticas a otras mujeres de la familia. Suelen ser las madres o hermanas de las migrantes quienes se quedan a cargo de las/os hijas/os de éstas, mientras que los hombres no suelen asumir tareas de cuidados. Esta transferencia del trabajo reproductivo de unas mujeres a otras responde a la división sexual del trabajo en el hogar y promueve la creación de nuevos eslabones en las cadenas. Así, por ejemplo, las mujeres españolas transfieren trabajo doméstico y de cuidados a mujeres extranjeras provenientes de países pobres, en este caso, de República Dominicana. A su vez, estas mujeres transfieren sus responsabilidades domésticas a otras parientes. Cuando ninguna mujer de la familia puede asumir estas tareas, las migrantes dominicanas se plantean la posibilidad de contratar a una mujer haitiana que cubra su ausencia. Por lo tanto, la división sexual del trabajo y la feminización de la migración implican la redistribución del trabajo reproductivo y de cuidados desde los países más ricos a los más pobres”.